Chiste de lepe!
Un domingo por la tarde a bordo de un seiscientos, una familia de leperos salió de Lepe con rumbo a Madrid.
Un poco antes de llegar a Madrid los paró una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico. Un agente se acercó al seiscientos, le pidió al conductor que bajara su cristal y le dijo:
- Permítame felicitarle, le hemos venido siguiendo desde Lepe y usted no cometido ni la más mínima falta al reglamento en su conducción. Sepa que por ello acaba de ganar un premio de un millón de euros que esta corporación entrega al mejor conductor del año. Y para hacer efectivo el premio necesito que me deje un momento su carnet de conducir.
El hijo, que venía atrás con la abuela, se apresuró a decir:
-Se lo ha dejado en casa
Pero el padre replicó:
-Pero niño, que dice, si yo nunca me he sacado el carnet.
La esposa que iba al lado, ni corta ni perezosa gritó.
-¡No le haga caso a mi marido agente, que está borracho como una cuba!
La abuela se despertó con le barullo y al ver al agente al lado del coche con cara de pocos amigos, farfulló roncamente:
-¡Ya sabía yo que con un coche robado no podíamos ir muy lejos!
Un poco antes de llegar a Madrid los paró una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico. Un agente se acercó al seiscientos, le pidió al conductor que bajara su cristal y le dijo:
- Permítame felicitarle, le hemos venido siguiendo desde Lepe y usted no cometido ni la más mínima falta al reglamento en su conducción. Sepa que por ello acaba de ganar un premio de un millón de euros que esta corporación entrega al mejor conductor del año. Y para hacer efectivo el premio necesito que me deje un momento su carnet de conducir.
El hijo, que venía atrás con la abuela, se apresuró a decir:
-Se lo ha dejado en casa
Pero el padre replicó:
-Pero niño, que dice, si yo nunca me he sacado el carnet.
La esposa que iba al lado, ni corta ni perezosa gritó.
-¡No le haga caso a mi marido agente, que está borracho como una cuba!
La abuela se despertó con le barullo y al ver al agente al lado del coche con cara de pocos amigos, farfulló roncamente:
-¡Ya sabía yo que con un coche robado no podíamos ir muy lejos!

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